Hoy me desperté más tarde de lo previsto, dado que delegué en Alexa la responsabilidad de despertarme con suficiente antelación para llegar temprano a mi nuevo trabajo, pero por algún motivo el asistente virtual de Amazon no funcionó.
Como podrás imaginar, me levanté sobresaltado, dado que si ya de por sí uno se preocupa por no llegar tarde a un trabajo, ¡cuánto más aún si es tu primer día! Buen comienzo…
Habiéndome vestido lo más rápido que pude, intenté solicitar un vehículo con conductor de Cabify, pero la App no funcionaba. ¡Y tampoco la de Uber! Sin poder perder un minuto más, salí corriendo a la calle y por suerte encontré un taxi disponible; pero al subir al coche y facilitarle la dirección de destino al taxista, éste me confesó que desconocía el camino para llegar al destino, dado que está situado a las afueras de la gran ciudad, y en esos momentos la App de Google Maps o Waze (las dos aplicaciones de geolocalización en tiempo real que suelen utilizar los conductores de VTC) no estaban disponibles. Y en épocas en las que no existían los Smartphones y el mundo aún estaba distante de la “hiperconexión”, el taxista seguramente hubiese sacado de la guantera su mapa Michelin, hubiese buscado mi destino como quien busca una palabra en un antiguo diccionario Espasa Calpe, ¡y se hubiese puesto en marcha para llevarme a mi destino! Pero no fue así, hoy no era mi día…
Para mi consuelo, me contó que en la radio estaban informando sobre una caída de la conexión a la red a nivel mundial, aunque tampoco tenían más noticias debido a que éstas hoy en día solo circulan prácticamente por internet.
Pensé en otra alternativa de transporte público, pero ahí me di cuenta que definitivamente no podría acudir al trabajo hoy, dado que no suelo llevar dinero en efectivo; y si los lectores de tarjetas no funcionaban, y tampoco los cajeros automáticos… Muy lejos no podría ir.
¿Te imaginas cómo sería la vida sin conexión a la red por tan solo un día? ¡Ya ni te cuento lo que sería durante un mes! El mundo se paralizaría casi por completo, y entraría en un caos absoluto; y no porque la humanidad no pueda funcionar sin Internet, sino porque hemos construido nuestra sociedad moderna sobre la base de la conectividad.
Sectores como el financiero dejarían de operar, y ni podríamos conocer el saldo de nuestra cuenta bancaria. El transporte público también estaría afectado, dado que los que solo permiten el pago con tarjetas, no tendrían posibilidad de cobrar los viajes. Las telecomunicaciones se llevarían una de las peores partes, dado que si bien las llamadas tradicionales podrían seguir funcionando en algunos casos, los sistemas de mensajería, videollamadas, redes sociales y correos electrónicos quedarían inutilizables. Empresas, oficinas gubernamentales y universidades quedarían inoperativas, especialmente aquellas que dependen del trabajo remoto o almacenamiento en la nube. Otros de los afectados serían los hospitales, servicios de emergencia y sistemas de vigilancia, cuya coordinación de respuestas ante la crisis sería muy limitada. Y una muestra de ciertas carencias del sistema ante situaciones imprevistas, es lo sucedido durante la pandemia de 2020, a pesar de que en aquel momento se disponía de conexión a internet.
Y así, suma y sigue, sector por sector…
La alternativa satelital
Otro de los pilares sobre los que se desarrolla una gran parte de la tecnología de la información, es el sistema de conexión satelital.
En un hipotético caso de desconexión global a internet, los sistemas satelitales seguirían funcionando, pero con limitaciones; todo dependería de la causa de la desconexión global.
Es importante destacar que los satélites en órbita no dependen de Internet para funcionar, ya que operan con sus propias redes de comunicación y transmisión de datos. Sin embargo, la que sí se vería afectada es la interconexión de estos sistemas con infraestructuras terrestres. Por ejemplo, los satélites que monitorizan el clima y la superficie terrestre seguirían funcionando, pero sin Internet, los centros de datos en la Tierra tendrían dificultades para distribuir la información de manera eficiente.
Los canales de TV que transmiten por satélite (ej. DirecTV) y radios satelitales (ej. SiriusXM) podrían seguir emitiendo, pero si los estudios de transmisión usan Internet para operar o enviar señales a las estaciones base, algunas emisiones podrían verse interrumpidas… ¡Y no podrías escuchar el Top Ten de LOS40 Urban! Eso sí que sería grave…
Incluso la internet satelital (Starlink, HughesNet, Viasat, OneWeb, etc.) depende de una infraestructura terrestre de servidores para enrutar datos entre los usuarios y la web; por lo que si el colapso de Internet fuese global, tampoco podrían entonces proveer servicio de red.
Muchos ejércitos y gobiernos usan sistemas satelitales independientes para comunicaciones críticas. Pero si la caída de Internet afectara centros de control en la Tierra, podría haber problemas en la transmisión y procesamiento de datos. En ese caso, la desconexión quizás sería un respiro para las sociedades que sufren conflictos armados, ¿no te parece?
Sin marcha atrás con el desarrollo tecnológico
Llegados a este grado de avance tecnológico basado en las conexiones, y sin un “Plan B” en caso de tener que prescindir de él por razones de fuerza mayor, es evidente que ya no hay marcha atrás y solo queda esperar que el modelo siga su camino hacia el perfeccionamiento y desarrollo de nuevos avances tecnológicos.
Más allá de la tecnología de turno -como podría ser el Internet de las Cosas (IoT) o la Inteligencia Artificial (IA)-, o los actores protagonistas del momento -como podrían ser cualquiera de las actuales “siete magníficas” o la china DeepSeek-, lo realmente trascendental es la tendencia hacia un desarrollo tecnológico sin precedentes que avanza a pasos agigantados, y que así se espera que siga mientras la sociedad así lo demande.
Por lo tanto, independientemente de los vaivenes del mercado financiero y de las posibles oscilaciones que pueda sufrir el sector tecnológico a corto plazo, ¿cómo no estar invertido en un sector que seguirá siendo el motor del desarrollo de una sociedad ávida por el progreso económico y la mejora de su calidad de vida? Si tenía alguna duda sobre invertir o no, en un sector del que muchos plantean la idea de estar ya algo sobrevalorado o por lo menos con demasiado protagonismo desde hace algunos años, me he terminado de convencer entonces de que el sector tiene un amplio recorrido, y solo es cuestión de diversificar por empresas, geografías, tecnologías, y demás variantes que solo conocen los expertos en inversión para este tipo de mercados.
Partiendo de esta reflexión, me propuse buscar un Fondo de Inversión que se especialice en el sector tecnológico, y que aplique una amplia diversificación en su cartera.
He aquí lo que he encontrado.
Renta 4 Megatendencias Tecnología
El Fondo de Inversión Renta 4 Megatendencias Tecnología tiene una exposición mínima del 75% a la renta variable de compañías relacionadas con los sectores de la tecnología y telecomunicaciones o de compañías cuya actividad esté correlacionada con estos dos sectores. Asimismo invierte en compañías de otros sectores cuyo modelo de negocio tenga una alta exposición al sector tecnológico, y todo ello sin límites en términos de distribución geográfica y capitalización; por lo que el Fondo podrá invertir en compañías de baja, mediana y elevada capitalización bursátil. El resto del capital se invierte en activos de renta fija pública/privada, sin predeterminación por tipo de emisor, divisas, sectores, duración media de la cartera de renta fija y rating de emisión/emisor. La exposición al riesgo divisa será de 0 a 100% de la exposición total.
Este Fondo constituido en plena época de pandemia y auge del sector tecnológico, precisamente en Julio de 2020, está gestionado por RENTA 4 GESTORA, S. G. I. I. C., S. A.
Recomendado para un horizonte temporal de inversión mínimo de entre 3 y 5 años, el Fondo presenta una volatilidad del 20,85% y una beta de 0,9 con respecto al Morningstar Gbl Tech TME NR USD. El nivel de riesgo se sitúa en un 5.
Los datos específicos del Fondo se presentan en el siguiente cuadro:
En cuanto a la rentabilidad histórica del Fondo, ésta se puede observar a continuación:
A su vez, la cartera estará compuesta por las siguientes principales posiciones:
Pero antes de tomar cualquier decisión de inversión, recuerda que es importante consultar previamente con tu asesor de confianza, quien seguramente sabrá aconsejarte más adecuadamente en función de tu situación particular.
Y por hoy me “desconecto”; aunque por si acaso, voy a comprar un despertador analógico, un mapa de papel, y luego sacaré dinero del cajero… ¡No vaya a ser que mañana vuelva a quedarme dormido y tenga que dibujarle el recorrido al taxista en una servilleta!